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Analistas de riesgo o temerarios profesionales

Son muchas las personas que ante una situación de urgencia o imprevisto recurren al banco para solicitar un préstamo personal con el cual poder cubrir su necesidad y con la intención de poder devolverlo en plazos.

Gran parte de estas personas a corto o medio plazo tienen dificultades graves para poder amortizar dicho préstamo llegando a situaciones de impago o a tener que cohibirse de necesidades básicas para poder pagar las letras bancarias ante la presión de estas entidades.

Esta situación tan común genera el debate de quién es el causante o responsable de la misma, las personas por endeudarse o vivir por encima de sus posibilidades o las entidades bancarias por no analizar correctamente la solvencia y la liquidez de sus clientes.

Para poder analizar correctamente este debate vamos a plantear un ejemplo de cómo gestionan estas entidades el proceso previo a la concesión del préstamo y como debería gestionarse para que podáis extraer vuestras propias conclusiones.

La persona que requiere de un préstamo personal sigue el proceso de personarse en su entidad bancaria y solicitar la cuantía que requiere. Los bancos al ser un préstamo personal no solicitan motivo o justificación previa para la solicitud de dinero y se limitan habitualmente a realizar unas preguntas protocolarias básicas y además sin requerir los contratos o justificaciones de las mismas.

En ningún momento comprueban la veracidad de las respuestas del cliente y además no entran a valorar ni siquiera los gastos asociados que pueda tener el cliente tales como hipotecas, letras de vehículo, hijos, gastos en necesidades básicas familiares y de más cuestiones que suponen desembolso mensual a los clientes. Se limitan a conceder el préstamo sin realizar un análisis real de riesgo.

Esto provoca que en muchas ocasiones el cliente no pueda asumir la letra del préstamo aunque sea una cantidad baja debido a su situación ajustada y ocasionando un colapso financiero que obliga a las personas a tener que cohibirse de ciertas necesidades básicas para poder abonar la letra al banco.

Queda claro que las entidades bancarias son las que deberían ser conscientes del riesgo financiero de cada cliente y analizarlo de manera exhaustiva pero de ser así apenas concederían préstamos y no podrían aprovecharse de la situación.

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